5 viajes para seguir descubriendo Colombia al natural

En los primeros días de enero, alguien me dijo que este año sería el de la acción. Poner en letras lo que se quiere hacer, supone un compromiso personal que invitará a la reflexión nuevamente para la época de diciembre para ver si lo planeado se cumplió.
Les comparto la hoja de ruta de los próximos 3 años. Pueden haber personas que compartan conmigo algún interés y quizás se animen a emprender los viajes acompañándome a conocer y a aprender de la Colombia natural, rural y profunda. 

​VISITAR EL VALLE DEL SIBUNDOY EN PUTUMAYO

Luego de leer el libro “El Rio” de Wade Davis, en mi cabeza quedó un lugar del sur Colombiano en el departamento de Putumayo, El valle del Sibundoy. Allí, Schultes un famoso botánico del siglo XX descubrió el lugar del mundo con más concentración de plantas alucinogenas, solo del genero solanaceas contó más de 1600. Tambien conoció de la mano de los taitas Kamsá, la medicina sagrada del yagé. Allí quiero ir a conocer sobre plantas, sobre medicina tradicional, no sé si me voy a atrever a comer cuy pero si voy a visitar las piscinas termales. Quiero tomar chicha, comer habas y descubrir los secretos que ocultan los gráficos del sol de los pastos. Aprovecharé este viaje para conocer Pasto, la laguna de la Cocha y terminar en el Fin del Mundo para tomar un avión de vuelta a la realidad en Mocoa. ​

​IR AL FESTIVAL DE SAN PACHO EN EL CHOCÓ

​Luego de ver las fotos de Pablo Gómez, un fotógrafo profesor de la U de A, no puedo resistir más la tentación de bailar un bunde al ritmo de la chirimía y en medio de las gentes negras que emanan su energía a través del baile. Ya sentí este embrujo en el festival de tambores de San Basilio de Palenque, ahora me quiero dejar llevar por una fiesta que logró convertirse en patrimonio cultural e inmaterial de la humanidad. Desde el 19 de septiembre al 5 de octubre es tiempo suficiente para conocer Quibdó, su cultura, gastronomía y barrios. Visitar el proyecto artístico y cultural Motete al que hace rato le sigo el rastro y aprovechar a vivir un turismo de naturaleza exuberante en Tutunendo, en el jardín botánico Jotaudo o en la ciénaga de Beté y si hay suficiente tiempo emprender un viaje por el rio Atrato para llegar hasta el golfo de Urabá.

CONOCER LA SERRANÍA DE LA LINDOSA EN EL GUAVIARE

​Cuando se habla de Chiribiquete del escudo Guyanes o de tepuyes aún hay muchas personas que ponen cara de interrogación porque no entienden muy bien de que se está hablando. Yo lo descubrí hace ya casi 4 años en un congreso de etnobiología en Popayán donde tuve la oportunidad de escuchar el apasionante relato del antropólogo Carlos castaño sobre el descubrimiento de Chiribiquete y sus hipótesis sobre la “capilla Sixtina” de arte rupestre encontrada en este lugar. La Lindosa tiene de todo en un solo lugar, arte rupestre, ríos color rosa, como los de la macarena, impresionantes muestras las formaciones geológicas más antiguas de la tierra, naturaleza exuberante y proyectos con campesinos que cambiaron la tala por el turismo. 

SUBIR A MACUIRA EN LA GUAJIRA

Ya le he dado la vuelta a la sierra nevada por todos lados. Aún no me decido si quiero hacer la ruta de ciudad perdida pues me desanima un poco la cifra de 200 turistas diarios en el lugar, si ya sé que Machupichu maneja una cifra muy superior, pero mientras pueda, quiero darle la oportunidad a lugares que parecen más simples a primera vista pero que si se miran con lupa resultan complejos. Así me imagino el parque nacional natural Macuira, un tesoro natural en el medio de un desierto. Allí a 864 metros, que parece poco, pero es una altura suficiente para que vientos alisios choquen la montaña, llevando arena y agua evaporada y se condensen en pequeños arroyuelos que surten de humedad a este reseco desierto. Estando tan cerca no me perderé de llegar hasta punta gallinas y compartir el cotidiano con los indígenas wayuu de esta zona. 

VISITAR ANORÍ EL PUEBLO DE MIS ANCESTROS

Desde que estoy muy pequeña he estado inundada de fotos de Anorí, de la camelia, de la mula rucia y el macho cuco, los arrieros, la familia grande, las largas horas por caminos de herradura para llegar hasta la casa. Pero solo han sido historias, nunca pude conocer ese lugar. Mi papá llegó a Medellín de 14 años y no volvió hasta hace poco, supongo que por las noticias que no eran muy alentadoras. Hoy la guerrilla de las FARC que habitaban los interminables bosques del lugar ha servido de guías para una expedición llena de naturaleza donde participaron algunos amigos y gente que admiro. Mi profe de teatro también nació en Anorí e inunda mis redes sociales con videos y fotos de su tierra natal. No tengo muy planeado que voy a hacer cuando vaya pero me gustaría coger una mula y recorrer caminos llenos de bosques, dormir en una finca campesina, conversar con algunos viejos del lugar y hablar con el periodista de aspanor tv un joven que me ha llevado a conocer virtualmente la tierra de mi familia paterna. 

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