Iniciar un viaje requiere de planificación y formación. Hay que aprender sobre el lugar que se va a visitar, hay que tener muy claro cuales son los intereses personales; para encontrar las mejores guías y tener una experiencia placentera y satisfactoria donde se cumplan todos los objetivos.

La vida misma es un viaje y desde que estamos pequeños vamos recurriendo a nuestra intuición, a los aprendizajes sociales y a las experiencias propias y ajenas para entender quienes somos y que queremos en nuestra vida.

Siempre afuera, recorriendo, preguntándome todo el tiempo como conocer y modificar la vida de los otros, porque pasa esto aquí o esto allá. Viajé afuera, cuando todavía no era tiempo de viajar. En muchos de los casos no lo disfruté, ni lo entendí. Cambie, me quite pieles y seguí buscando, siempre afuera, supongo que era necesario.

A mis 30 años hice el último viaje afuera y en las playas de Cabo Polonio Uruguay con el consejo de un buen amigo y maestro de fragmento de vida, emprendí el viaje hacia adentro. Preocupada por ser una rana saltarina y solitaria, por haber hecho tantas cosas sin un sentido muy  claro, por haber viajado y anhelado estar tan lejos que no me conocía, recibí con entusiasmo la idea del “maestro” de ser una planta epífita.

Instaladas en las alturas, las plantas epífitas son refugio de ranas, escarabajos y gusanos; despensa de alimento para osos de anteojos, monos, ardillas u hormigas; y estaciones estratégicas de polinización. …. Las plantas epífitas –aquellas que crecen sobre otras– germinan en las altas montañas y están representadas en tres grandes grupos: las orquídeas, los helechos y las bromelias o quiches. … Para los expertos en temas de plantas, las epífitas son el ejemplo de trabajo colaborativo, mientras en el campo sus habitantes tienden a tacharlas de aprovechadas. “Es muy común que los campesinos cuando las ven las llamen parásitas, creyendo que al crecer sobre los árboles les succionan la savia, como vampiros que se alimentan de sangre”

Después de ese viaje, la espiral viró hacia adentro, comencé un recorrido de auto reconocimiento y ese camino me llevo a sentir la necesidad de conocer el lugar que habito, mis capacidades y mi historia familiar.

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